La necesidad de reformas en la educación jurídica para cubrir los requerimientos de un mundo globalizado

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La necesidad de reformas en la educación jurídica

Amigos y amigas, ustedes y yo, así como todo aquel que viva en estos momentos es testigo de los inicios del Siglo XXI, lo cual nos permite apreciar que este mundo es distinto al del siglo anterior. La humanidad y el planeta en su conjunto han experimentado profundos y notorios cambios que van desde los netamente humanos como la sociedad, la economía y las políticas hasta los fenómenos naturales tales como el cambio climático.


Estos cambios en las condiciones de vida conllevan a la inminente necesidad de readaptación al nuevo ambiente, romper viejos hábitos, estructuras y sistemas para generar aquellos que permitan la viabilidad y sustentabilidad. Esta realidad se extrapola a todos los ámbitos y entre estos a los pilares básicos de la sociedad misma como lo son la familia, la educación y la salud. Nuevos retos se enfrentan en cada uno de estos renglones y sus amplias ramificaciones. Una de las peculiares características de los cambios que evidenciamos es la rapidez con que ocurren, generando una sustitución radical de la realidad que sobrepasa en muchas oportunidades nuestra capacidad de adaptación; es así como numerosos avances tecnológicos ocurren con tanta rapidez que lo que hoy es ultima tecnología mañana resulta obsoleto e inservible, o como el neoliberalismo y la apertura de los mercados que ha supuesto una relación desigual a la que los países con menores recursos no han podido adaptarse perdiendo terreno en la lucha de la competitividad en detrimento de sus productos nacionales vs. los extranjeros.

La educación como uno de los pilares de la sociedad no ha estado exenta a estos efectos. La globalización, el consumismo, entre otros, han generado la necesidad de individuos con mayores aptitudes y competencias más desarrolladas. Esto es notorio en el campo de la educación superior (en donde concentraremos la presente reflexión) que ha visto un fenómeno de masificación de la demanda estudiantil en los últimos años. Hace tan solo unos 50 o 60 años atrás la universidad era un nivel selecto, al que solo tenían acceso personas con determinadas características económicas, sociales, culturales e incluso con capacidades (competencias) especificas. Sin embargo, la necesidad de mano de obra tecnificada, profesionalizada y por ende eficaz y eficiente, llevo a crear políticas publicas donde se abriesen las puertas de esta educación para alcance de todos, al tiempo que en dicho transcurso florecieron las opciones educativas para grupos determinados con las universidades privadas.

Ahora bien, seguro se preguntaran como se aplica todo esto a la enseñanza del Derecho, pues resulta que todo constituye una cadena de eslabones estrechamente unidos que de manera general trataremos de presentar.

Desde la antigüedad el estudio y ejercicio del Derecho ha sido considerado como honorable, realizado por personas de elevadas cualidades y aptitudes. Su enseñanza respondía a la antigua doctrina del maestro-aprendiz, donde el primero tenía una posición rígida, irreductible, casi tiránica y el segundo se sujetaba a recibir el conocimiento cual mana caído del cielo. Esta fue la respuesta correcta durante muchos siglos, ya que las profesiones1, en sentido general, tenían una demanda reducida, siendo estos servicios dirigidos sobretodo a un publico exclusivo, de alto nivel económico, capaces de cubrir los gastos del servicio. Tan solo pensemos que no fue sino hasta el Siglo XIX cuando surgen las ideas de igualdad entre las personas, los derechos humanos, de libertad, etc... por lo que antes era imposible siquiera imaginar un concepto de un juicio con garantías procesales o la asistencia jurídica de una persona de escasos recursos. 

Todo ello fue cambiando a partir de las revoluciones suscitadas en el mencionado siglo y las transformaciones vistas en el pasado Siglo XX. Sin embargo, a pesar de que la demanda de sistemas de justicia desarrollados y de un mayor numero de profesionales del Derecho aumenta cotidianamente, la adaptabilidad del proceso de formación de estos se ha quedado estancado en el oscurantismo, sobretodo en países en vías de desarrollo y en nuestra región latinoamericana, lo que esta provocando que el alto numero de profesionales egresados de las escuelas de leyes no cumplan con las necesidades dela sociedad, generando individuos inservibles que saturan el mercado laboral, convirtiéndose en vulnerables blancos de frustración y depresión.

Por ello consideramos determinante que hoy se activice una amplia revolución y reestructuración del sistema de enseñanza del Derecho, creando una localización y adecuación de las experiencias educativas de países de vanguardia a nuestra realidad y a las necesidades del mundo moderno, así como generando métodos autóctonos basados ya en la experiencia que se ha adquirido en nuestras aulas.

Consideramos como fuera de lugar, desproporcional a nuestra época seguir bajo el viejo esquema de la cátedra rígida y la enseñanza maestro-aprendiz. El mundo espera profesionales proactivos, de alta adaptabilidad, de múltiples competencias y desarrollados no solo en teoría si no también en practica, en otras palabras, se requiere de profesionales con una sólida formación integral. 

El aula de clases no puede seguir siendo un lugar frío y sombrío bajo un sistema excluyente y dictatorial. El Derecho debe enseñarse dentro de un sistema de democracia participativa, integrando al estudiante no solo en el estudio formal y teórico si no también en la introspección de las temáticas tratadas permitiendo su aporte personal a las mismas, fomentando el dialogo, el debate y el análisis critico. Los maestros deben apropiarse de manera efectiva y eficiente de los recursos tecnológicos, no solo como justificación strictu sensu para completar un requisito, si no como real herramienta generadora de un ambiente dinámico y de una enseñanza que se adapte a las nuevas formas de asimilación del estudiante2.

Por lo general se ha tenido el razonamiento de que un experimentado profesional del Derecho, un juez o un individuo con múltiples títulos esta de hecho idóneamente preparado para ejercer el magisterio. Pero resulta que si en otras épocas esto pudo ser adecuado en la actualidad no puede seguir siendo así. El catedrático del Derecho necesita como necesario complemento a su formación jurídica una preparación pedagógica especializada, capacitación constante y las facilidades necesarias para hacer de la enseñanza una profesión de alto nivel e incluso de tiempo completo. 

El plan de estudios de la carrera merita también una profunda diálisis. Es necesario como mencionamos antes en el texto un balance entre los conocimientos teóricos fundamentales y las practicas de campo. Además, ampliar el rango de estudio hacia las nuevas áreas del Derecho que se coligen como conocimientos que todo profesional debe dominar por lo menos en sus nociones fundamentales, hablamos de materias tales como derecho de las telecomunicaciones, propiedad intelectual, derecho penal de los negocios, derecho comercial internacional, derecho de la competencia, entre otros.

Un aspecto que también resalta de importancia como punto neurálgico de las transformaciones que requiere la enseñanza del derecho es el establecer un real compromiso con la responsabilidad social y la ciencia del derecho per se. Las facultades deben contar con centros de atención comunitaria, donde los estudiantes de termino, bajo la supervision de sus maestros, orienten de forma general y gratuita a personas necesitadas sobre diversas consultas jurídicas. Por otra parte, resulta inaudito concebir que nuestras academias no contemplen una política de desarrollo científico e investigativo, aprovechando la capacidad de los profesores, los profesionales experimentados y de los mismos estudiantes para generar conocimiento. Hay que plasmar en nuestra conciencia que las escuelas de leyes no pueden circunscribirse únicamente a ser dadoras de conocimiento, si no también a ser fuentes esenciales en la creación de conocimiento.

En conclusión, nuestro deseo con este sencillo escrito ha sido provocar la reflexión, concienzar en la importancia de no permitir un divorcio entre nuestros hábitos y los requerimientos del mundo moderno. Entender que se necesitan nuevos paradigmas en los sistemas de educación jurídica tanto en los niveles de grado como de postgrado, que ello garantiza el objetivo de servicio efectivo y eficiente de nuestra profesión, un sistema judicial más justo y un mayor aporte al desarrollo humano. 


Por Aníbal Mauricio. Abogado e internacionalista. Fundador y Director de Encuentro Jurídico. Miembro e investigador del Consejo Dominicano de Relaciones Internacionales (CDRI) y del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI).


Notas de referencia:

1Es preciso recordar que no es lo mismo una profesión que un oficio. Un oficio es un trabajo manual o físico para el cual no se necesitan estudios teóricos; una profesión es una función especializada del trabajo dentro de la sociedad, realizada generalmente por un profesional (persona que ha realizado estudios especiales).
2Es importante tener claro que las generaciones actuales han integrado las tecnologías a su forma de pensamiento y la asimilación de nuevos conocimientos les resulta de mayor facilidad a través de los mismos. Como ejemplo sencillo podemos mencionar cuantos de nosotros aprendimos innumerables conocimientos a través de programas infantiles educativos, en la juventud por Discovery Channel u otros y posteriormente la enorme biblioteca virtual de la Internet.


Forma de citación sugerida:
Mauricio, Aníbal. La necesidad de reformas en la educación jurídica  para cubrir los requerimientos de un mundo globalizado. Encuentro Jurídico, 19 de noviembre de 2009.

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