Con Penalización o Despenalización Seguimos Viviendo la Misma Situación

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El pasado jueves 17 de septiembre, la Asamblea Revisora que estudia la modificación de la Constitución dominicana aprobó definitivamente la prohibición del aborto, lo que supone el fin de la agria polémica desatada entre quienes favorecían esa medida y los que solicitaban su modificación.

El discutido artículo reza que el derecho a la vida es "inviolable desde la concepción hasta la muerte". Ese concepto fue defendido por sectores como las iglesias y los principales partidos políticos del país, mientras fue rechazado por organismos feministas y otros sectores de la sociedad civil que reivindican el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo.

Ahora bien, nos queda aún la incertidumbre de saber si toda esta polémica, debates, dimes y diretes, discordias y demás, lograrán el objetivo ya olvidado del asunto en cuestión: disminuir y controlar los casos de aborto, defender la vida y con ello la persona humana. Estamos seguros que NO.

En efecto, esto no ha sido más que un gran circo, donde sus diferentes actores han querido ondear la bandera de la verdad y la justicia, escondiendo bajos sus mantos los más bajos e impuros intereses contra la sociedad y el bienestar de la nación. Para ser claros, pero sucintos, nos referiremos a ellos por separado.

A) Los legisladores. Para estos individuos de probados inescrupulos, falta de responsabilidad, capacidad y con total accionar individualista, el tema del aborto no significo la necesidad de su racionalidad, estudio, análisis y sobretodo imparcialidad a la hora de tomar una decisión. Por el contrario, el tema ha servido como estandarte para catalizar su imagen política en la sociedad con miras a los próximos comicios nacionales que precisamente tienen por objeto elegir a los miembros de dichas funestas cámaras. Así, quienes habían dado el SI ahora dieron el NO, quienes con temor dieron el NO (porque ni siquiera sabían por que lo daban) ahora aprobado el articulado hasta entrevistas y publicas declaraciones ofrecen, donde el traje, el peinado y la falsa sonrisa es mas importante que sus propias palabras. 

B) La Iglesia Católica. Para ésta, la situación se ha convertido en una cruzada, en una cacería de brujas, solo que con peores resultados que en aquellas oscuras épocas. En la Iglesia Católica ésta ha sido una discusión antigua, sensible, controversial pero sobretodo inflexible. Para el actual momento su argumento arcaico, ha caído en más de cincuenta y cinco (55) naciones[1], como el caso de México[2], donde la mayoría de sus habitantes son devotos al catolicismo pero donde el Estado se ha establecido como laico, no existe un concordato, pero sí la libertad e igualdad de cultos. 

He allí el quid del asunto. Nuestra nación ha otorgado superpoderes no a la religión, no a la fe cristiana en particular, si no, a una única corriente del cristianismo, la católica apostólica y romana. Esto ha sobrevenido en convertirla en un poder más del Estado, que influye determinantemente en las acciones y decisiones que toquen sus sensibilidades por parte de los otros poderes clásicos del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial). Aun más, en ocasiones este super poder se presenta como la mano del titiritero tras la silla presidencial. Por tanto, es por demás decir, que la Iglesia Católica haría todo cuanto fuese necesario para no perder la batalla en uno de sus bastiones principales… y así ha sido. 

C) Las agrupaciones y/o sectores a favor. Estas son la antítesis de la Iglesia Católica y los legisladores. Es el mismo veneno pero con distinto sabor. En un mundo desorientado, donde el concepto libertad no ha entendido que tiene sus limites para los humanos poder continuar en sociedad, las luchas reivindicativas se han convertido en rebeliones anárquicas promotoras de una cultura de terrorismo social. 

Alejadas de su esencia que marcó un hito en la humanidad (desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX), hoy no han logrado su evolución progresista acorde a la actualidad y verdaderas necesidades reivindicativas de la sociedad. El tema del aborto y la forma en como estos lo abordan, argumentan y debaten, deja claro que con el tiempo estas agrupaciones terminaron convirtiéndose en imagen y semejanza de sus contrapartes. 

D) Los juristas. El jurista tiene la errónea concepción de que las leyes todo lo pueden resolver, que no hay máxima acción para el orden social que la imposición de normas y la sanción y/o pena ante las acciones contrarias a lo que disponen. Nada podría ser más alejado de la realidad, porque olvidamos que las leyes, el ordenamiento jurídico en su conjunto, es solo una herramienta (ciertamente fundamental) para lograr el orden y la justicia social y propiciar los medios para su desarrollo.

Pero por si solas, las leyes, las normas, no son mas que el inerte resultado de las ideas de uno o más pensadores que creen saber lo que es mejor para todos, puesto que si estas normas, plasmadas o no en texto alguno, carecen de la compañía de acciones concretas por parte de los actores que armónicamente producen su efectiva cenestesia, estas no pasaran de ser simples enunciados, deseos vacíos que se los lleva el viento. Aún nuestra Carta Magna, sin el auxilio de aquellas herramientas no es más que “un simple pedazo de papel”. 

Habrán notado que en el presente escrito he criticado a todas las partes involucradas en el debate del tema en cuestión, seguramente se preguntaran ¿cuál es la posición del autor? Pues bien, sobre este tema de la despenalización del aborto estoy en contra de aquellos que están a favor y en contra de aquellos contrarios a quienes están a favor ¿Enredado? entonces me explico.

Unos y otros solo acuden a soluciones mediáticas, propuestas que producen un efecto masturbador, que satisface por el momento pero nunca por completo. El aborto es un tema eminentemente cultural, económico pero sobretodo social. Excede las estrechas fronteras de lo jurídico y las inflexibles cadenas de lo religioso. 

Despenalizando el aborto no logramos menos abortos, los alentamos y propiciamos que la actual sociedad siga desarrollando sus distorsionadas tendencias que producen las enfermedades psicosociales que conllevan a las violaciones, las relaciones sexuales a temprana edad, entre otros. Penalizando el aborto, definitivamente dejamos en un estado de clandestinidad, desprotección, insalubridad e inhumanidad a las cientos de miles de mujeres que por una u otra razón acuden al aborto, incluso a aquellas que por razones de salud, ajenas a su deseo de tener a la criatura, se ven en la necesidad de dicho procedimiento.

Abramos los ojos y veamos con claridad que hemos agotado energías, neuronas, tiempo y vida misma buscando solución a una premisa que inicio con un postulado incorrecto. Preguntémonos ¿es realmente el aborto aquello que queremos enfrentar? O más bien las raíces de su actual y meteórica ebullición, dígase, presión social, situación económica, falta de educación sexual[3], violencia domestica, drogas, violaciones, relaciones sexuales a temprana edad, entre muchos otros que se me escapan y en los que seguramente usted ya ha pensado. Ahora cuestionémonos ¿con la despenalización o penalización del aborto realmente enfrentamos al monstruo que queremos derrotar? no se usted, pero me parece que intentamos cazar un dinosaurio disparándole balas de salva.

Hasta tanto no tengamos las agallas de NO desviar la vista de las raíces de los problemas que nos afectan y enfrentarlos responsable, eficaz y eficientemente, seguiremos viviendo en la burbuja de la fantasía, en la apacibilidad de la anomia social y construyendo el féretro de nuestra sociedad. 


Por Aníbal Mauricio. Abogado e internacionalista. Fundador y Director de Encuentro Jurídico. Miembro e investigador del Consejo Dominicano de Relaciones Internacionales (CDRI) y del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI).

Notas de referencia:

[1] En nuestro continente los países que han admitido el aborto en circunstancias especiales son: Argentina, Uruguay, Venezuela, Panamá, Paraguay, Cuba, E. U. A., México y Puerto Rico.
[2] País de devota fe católica, pero donde el Estado supo proclamar su naturaleza laica y donde el aborto es permitido legalmente cuando es por violación, accidente, malformación o cuando se pone en riesgo la vida de la madre, con excepción de algunos estados de dicha república.
[3] Por educación sexual no nos referimos a los actuales programas que propugnan solo mostrar la fisonomía y funcionalidad de los aparatos reproductivos y mencionar al condón como solución de luz verde ante el deseo de experimentar las relaciones coitales. Por el contrario, entendemos que una verdadera educación sexual en niños y adolescentes debe enfocarse por sobretodo en dar a entender lo hermoso del acto, las implicaciones emocionales y psicológicas que implica, la necesidad de no solo tener una capacidad sexual si no de tener una madurez mental y saber que el respeto a la pareja es fundamental para una relación exitosa, que no se trata de una acción egoísta de simple autosatisfacción, si no un momento de compartir y de lograr ambos alcanzar la satisfacción.

Forma de citación sugerida:
Mauricio, Aníbal. Con Penalización o Despenalización Seguimos Viviendo la Misma Situación. Encuentro Jurídico, 30 de septiembre de 2009.

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