Con el Moño Hecho!

Posted by Encuentro Jurídico on 18:39 with No comments

Por Francisco Alberto Sosa.


Frase dicharachera, osada, insolente y temeraria… pero llena de pragmatismo para aquellos que veíamos la Reforma Constitucional como la oportunidad decisiva en el reordenamiento del accionar político de nuestra nación.


Desde sus inicios, advertí la triste focalización de las opiniones hacia temas que no cabían en la discusión, o estaban configurados para un escenario distinto, o era la consuetudinaria posición coyuntural de quienes tienen en sus manos la competencia que otros ciudadanos pudieran ejercer con mayor decoro. Pocas veces se asomaba la importancia medular que reviste la Jurisdicción Constitucional, y menos por encima del aborto, la reelección, o el curul de los asambleístas de ultramar, por sólo citar tres aliados de armas del tema que nos ocupa.

La realidad es que muchos nos quedamos con el moño hecho (particularmente, había comprado el lazo con mis primeras cátedras en la universidad). No se explica cómo puede mantenerse cual actitud de Pilatos, pues sin predestinar un modelo eficaz, moderno y eminentemente necesario de garantías todo lo demás carecería de sentido.


No se explica como puede mantenerse tal actitud ante el eco producido por quienes al efecto se expresan, pues todos los argumentos se sujetan a un modelo desprendido de la Suprema Corte de Justicia. No se explica como puede mantenerse tal actitud ante la barbarie cometida por cuantos tengan alcance para actuar al margen de la Carta de San Cristóbal sin contar ésta con el mecanismo idóneo de salvaguarda. No se explica como puede mantenerse tal actitud, mucho menos al conocer los “motivos” por los cuales se “fundamenta” la omisión del otrora proyecto de creación de la Jurisdicción Constitucional Dominicana: “Conocería pocos casos al año”… “estaría conformado por iluminados del Derecho”… “Realizaría poco trabajo”…

Hoy aprendí que las jurisdicciones (constitucionales) se crean por la cantidad de casos más que por la especialización y el objeto que la materia amerita; aprendí que Cappelletti (el Tribunal Constitucional es la jurisdicción constitucional de la libertad), García de Enterría (una Constitución sin Tribunal Constitucional que imponga su interpretación y la efectividad de la misma en los casos cuestionados es una Constitución herida de muerte), Bobbio (para proteger los DDHH no basta con proclamarlos, de lo que se trata mas bien es de saber cual es el modo más seguro para garantizarlos, para impedir que a pesar de las declaraciones solemnes sean continuamente violados), y otros más son tan sólo “iluminados” que en su tiempo habrán fantaseado tanto como lo hacemos con nuestra férrea oposición a esta inadvertencia de la Asamblea Revisora; aprendí que la Constitución no se mantiene en constante interpretación… muy particularmente la nuestra, la que nunca ha sido objeto de violaciones por ningún Poder del Estado.


La Constitución Dominicana viene atestada de consagraciones; algunas nuevas, otras innecesarias y muchas ratificadas. A todo esto se consagra la negativa de los gobernantes para disciplinar sus acciones al amparo de la Ley Sustantiva, de los legisladores para fiscalizar los proyectos de ley mediante el control a priori, de los jueces para unificar la ambivalente y ya dispersa jurisprudencia constitucional… se consagra la inapetencia al sistema de pesos y contrapesos que para ello está destinado el Tribunal Constitucional.


Queda entonces en manos del tiempo entender (mas no aceptar) la displicencia protagonizada por los asambleístas bajo el auspicio de las presiones de los magistrados del más alto tribunal (cuya modestia pudiera haberse manifestado aceptando la iniciativa causal del fortalecimiento del verdadero Estado de Derecho en todas las naciones). Mientras tanto… seguimos con el moño hecho.


“Sin Sala o Tribunal Constitucional no habrá verdadera diferencia sustantiva entre esta constitución reformada y las demás. En la consulta popular el pueblo dominicano expresó claramente su respaldo al Tribunal Constitucional. La única explicación posible para su no incorporación a la nueva constitución es el miedo, el chantaje, la manipulación, la ambición desmedida de poder, las veleidades autoritarias y la falta de conciencia democrática. La historia, si la oportunidad se pierde, juzgará implacablemente a los que predican la democracia y son enemigos de la libertad” (Milton Ray Guevara, Listín Diario, 7/1/2009).



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