Anarquía en el Olimpo: Apocalipsis en la tierra.

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Por: Aníbal A. Mauricio Paz.


En la antigua mitología griega el olimpo era el hogar de los principales dioses del panteón griego. Los dioses olímpicos, constituían lo mejor de lo mejor; de estos se esperaba nada menos que la expresión máxima de las principales virtudes y su accionar era un referente y modelo a seguir para todos los mortales. Pero ¿qué hubiese pasado si en el seno de ese lugar hubiese crecido la amarga raíz de la anarquía[1] y la corrupción? No solo hubiese significado la destrucción misma del olimpo, si no también de todos los “mortales terrestres”, ya que estos hubiesen perdido absoluto sentido de autoridad, dirección, representación y paradigmas.


Si bien el planteamiento anterior fue escenificado en una atmósfera fantástica-mitológica, no es menos cierto que los gobiernos “reales” enfrentan hoy en día una situación bastante semejante. Y para ejemplo, no debemos irnos lejos, bastan y sobran las experiencias vividas en nuestra amada quisqueya, en donde los principales líderes, representantes e instituciones distan de ser verdaderos arquetipos, más bien siendo “seres antropófagos”, que materializan la famosa frase de Thomas Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”.


Una lánguida política dominicana, se arrastra flemáticamente por un camino incierto, carente de sangre nueva, de oxigeno que respirar, arrinconada cual niño abandonado, llora la ausencia de los valores predicados por el desaparecido “trío patriarcal” y de las bases que sustentan las instituciones que estos fundaron. En su insensato frenesí, los actuales actores en el ámbito, han engendrado, la medusa de la corrupción y la hiedra del clientelismo, malévolas plagas que corroen sin cesar todo cuanto llegan a tocar.


Nuestros principales representantes, aquellas figuras llamadas a ser portavoces de las necesidades del pueblo, facultadas constitucionalmente con la excelsa labor de crear “leyes” que repercuten sobre la vida de todo quien habita la nación, juegan a la ruleta rusa con nuestro futuro, mientras se regocijan opulentamente de lujos y placeres con el fruto del trabajo del sencillo ciudadano o de las propinas recibidas de quienes distribuyen “sustancias de la muerte”.


En nuestro olimpo de la justicia, la infección ha tocado cada rincón del cuerpo, desde la cabeza hasta los pies. Y es que cuando aquellos encargados de velar por el cumplimiento de las normas, de sancionar a los infractores de las mismas y proteger los derechos de los indefensos, yerran en sus decisiones y venden su conciencia y espíritu a desalmados intereses públicos y privados, dejan mudos los ánimos de actuar ante ellos, mancos los brazos que intentan levantar el puño en protesta e inválidos a los caminos del desarrollo de este sector.


Pero así como en la mitológica historia griega de La Odisea, un valiente Ulises se enfrenta a las mas temibles y poderosas bestias, en nuestra actual realidad, un rayo de luz siempre se filtra entre la espesa entramada. Es la luz de aquellos que de manera responsable, prudente, valiente, humilde y sin escándalo, mantienen aun vivo los valores que crearon esta soberana nación ubicada en el mismo trayecto del sol.


Es pues momento, de dar merito a quien merito merece, de resaltar a quienes actúan ondeando la bandera del bien y dejar caer por el peso de su mal a quienes destruyen nuestra sociedad. Como bien dijese el actual Presidente de E. U. A., Barack Hussein Obama en su discurso de toma de posesión "Nuestros desafíos podrían ser nuevos. Las herramientas con que los hacemos frente podrían ser nuevas. Pero esos valores sobre los que depende nuestro éxito - el trabajo duro y la honestidad, la valentía y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo esas cosas son viejas. Esas cosas son verdaderas. Han sido la fuerza silenciosa detrás de nuestro progreso durante toda nuestra historia. Lo que se exige, por tanto, es el regreso a esas verdades".


Soy joven e inexperto, pero no por ello tonto, inconsciente o ajeno a lo que acontece. Clamo con voz de trueno a quienes me anteceden y a quienes junto a mi representan el relevo generacional, levantar con orgullo la bandera de los valores y juntos reconstruir este regalo de Dios que llamamos, República Dominicana.



[1] Se emplea el termino “anarquía” entendido como “desconcierto, incoherencia, barullo”, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. http://buscon.rae.es/draeI/


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