LA ENTREVISTA: La Responsabilidad Civil del Guardián de la Cosa Inanimada

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La Responsabilidad Civil del Guardián de la Cosa Inanimada es aquella que tiene lugar cuando cosas que están bajo el cuidado de alguien tienen participación en un hecho que ha originado la responsabilidad de su guardián.

Según Henri, Leon y Jean Mazeaud, en su obra Lecciones de Derecho Civil, parte II, volumen II, sobre la Resposabilidad Civil, la responsabilidad a causa de las cosas en el derecho romano y el antiguo derecho francés habían previsto algunos casos de responsabilidad a causa de las cosas, pero el antiguo derecho francés les aplicaba las reglas del derecho común. En la actualidad, este tipo de responsabilidad está reglamentada en el artículo 1384 del Código Civil.

La Responsabilidad Civil del guardián de la cosa inanimada ha sido tópico de muchas criticas, por ello ENCUENTRO JURIDICO, a través de los planteamientos hechos decidimos llevar a cabo la entrevista de esta ocasión con una de las personas encargadas de aplicar y reconocer cuando estamos en presencia de este tipo de responsabilidad.

A continuación la entrevista que le hiciéramos con el apoyo de ustedes al Magistrado EDYNSON ALARCON POLANCO, Juez Miembro de la Primera Sala de la Cámara Civil y Comercial de la Corte de Apelación del Distrito Nacional.

1.- En caso de un accidente de tránsito, hasta qué punto la indemnización de parte del propietario de la cosa, responde a la correcta aplicación del derecho, tomando en cuenta que éste no conducía el vehículo y no ha sido consumado (sic) el conflicto en el ámbito penal. (Boris de León Reyes - UNIBE).

RESPUESTA E.A.: De entrada me gustaría dejar sentado un criterio que a mi juicio es fundamental, a fin de dar una respuesta satisfactoria a la problemática propuesta. Un accidente entre vehículos de motor que de repente colisionan mientras se desplazan en plena vía pública, no configura, a mi modo de ver, un supuesto de responsabilidad civil por intervención de la cosa inanimada, sino que la situación que con ello se caracteriza, se orienta más bien por los derroteros de la teoría de la falta por el hecho personal o por el de aquellos de cuyas conductas alguien debe hacerse responsable.

Conviene pues, reparar, a propósito de la casuística planteada, en que no se trata de un vehículo mal estacionado con el que alguien súbitamente se estrella, o que se sale de control y termina empotrado en una vivienda o que al quedar aparcado en una pendiente se desliza y a su paso deja una estela de daños y de destrucción, sino de máquinas en movimiento que transitan en calles, avenidas o carreteras, maniobradas por individuos civilmente responsables o por personas por quienes se debe responder, con frecuencia en el marco de una relación de comitente a preposé.

Más aún los accidentes de tránsito son el detonante en que se genera una infracción a las leyes penales -L.241 de 1967- y su instrucción por ante la jurisdicción represiva casi siempre forzará, en buen derecho y como cuestión pre-judicial que es, el sobreseimiento del aspecto civil indemnizatorio cuando éste sea llevado por separado, al margen de la acción pública. Lógicamente habrá que delimitar ante los jueces penales unas necesarias responsabilidades fácticas y/o establecer con precisión, cuál de los conductores implicados en el suceso, es culpable de haber violado la Ley 241 de 1967: sólo entonces estarán los tribunales civiles en capacidad de llevar a cabo su trabajo e imponer, si fuera el caso, los correspondientes resarcimientos en provecho de la víctima.

Sobre el particular de la pregunta del joven de León, hechas ya las indicadas puntualizaciones, contrario a lo que él sugiere, el asunto sí que tiene, obligatoriamente, unas connotaciones penales. Es que, como decíamos al inicio, el accidente supone, salvo causa de fuerza mayor, un quebrantamiento al ordenamiento penal imperante, en sede de la L.241-1967. Ejercitada la acción pública y cerrado este capítulo con la debida identificación del causante del accidente, tocará a los jueces civiles* la evaluación del perjuicio y el visado de su condigna reparación. Responderá entonces el conductor infractor por su hecho personal, su comitente, en la hipótesis de que aquel haya actuado bajo subordinación de éste, o ambos a la vez, dependiendo de cuál de ellos o de si ambos figuran instanciados en el proceso.

La base del comprometimiento de la responsabilidad del comitente por el hecho de su dependiente, parece radicar en una idea general de garantía. Se atribuye al primero la capacidad económica (garantía legal de solvencia) de asegurar la reparación del daño. La obligación, sin embargo, es in solidum. Tanto el comitente como el preposé son igualmente responsables por el todo, reconociéndose a la víctima la opción de reclamar la totalidad a cualquiera de ellos, siempre que ambos fungieran como partes en la demanda y que las condenaciones se hayan impartido con cargo a uno y otro. Sé de tratadistas que sostienen la tesis de que el fallo podría ser ejecutorio incluso con relación a aquel que entre los dos no haya sido demandado. Solución dudosa, dados los efectos relativos de la cosa juzgada y las vitales implicaciones del Art.8.2, letra "J" de la Constitución.

2.- ¿La prevalencia de un criterio objetivo en la responsabilidad del guardián de la cosa inanimada, constituye una limitante en la apreciación subjetiva del juez? (Ricardo Ruiz Cepeda - UASD).

RESPUESTA E.A.: Bueno, si a lo que se refiere la pregunta es a la apreciación del perjuicio, con miras a su evaluación, no me parece. Hay, ciertamente, un criterio objetivo, una idea de responsabilidad presumida en que pivota todo un sistema tuitivo, pensado con un objetivo claro: prestar auxilio lo más eficaz posible a las víctimas, pero esa objetividad de lo que dispensa al juez es de tener que preocuparse por el tema de la falta, no de que éste inquiera sobre la magnitud del daño y de que lo aprecie en su justa dimensión.

Es verdad que la víctima queda dispensada de acreditar la falta, pero no de que justifique haber sufrido un perjuicio, y es entonces -hecha la prueba de este último- cuando interviene toda la carga subjetiva del juzgador. La evaluación dineraria del perjuicio, sobre todo en su vertiente moral, es un señorío absolutamente privativo del juez, quizás con una única limitante: el sentido de la racionalidad. 

3.- Personalmente opino que debe discutirse cuando el fundamento de la responsabilidad es la cosa inanimada y cuando es el hecho personal de la persona que manipula la cosa, ¿cómo establecer los límites?, porque por ejemplo, a mi entender si una persona asesina a otra con un revolver, la responsabilidad civil que podría derivarse de ese hecho sería por el hecho personal, y no por el hecho de la cosa inanimada, que sería en este caso el revolver. Me gustaría saber más sobre este aspecto. (Prairie U. Ruiz – Abogada ayudante 4ta. Sala, Cám. Civ. Juzg. 1era. Inst. D.N.).

RESPUESTA E.A.: El enfoque de la pregunta es excelente. Créame que sus aprensiones se justifican. Era lo que justamente manifestaba hace un rato, al responder la inquietud del joven Boris de León Reyes: El supuesto del accidente de tráfico, puro y duro, no encaja -a mí, al menos, no me parece- en el esquema objetivo o de "causalidad presumida" que es propio de la responsabilidad por las cosas. Tampoco termina de ajustar el ejemplo suyo, sobre el arma de fuego.

Es que, como dicen los Mazeaud, a la "acción de la cosa" se opone forzosamente el "hecho del hombre". Cuando hay de por medio una persona manipulando la "cosa" y el daño es una consecuencia directa del hecho de esa manipulación, lo que corresponde aplicar no es más que el derecho común de la responsabilidad. Ni más ni menos. Cuando, por el contrario, el perjuicio se debe a la acción de una cosa salida del dominio material del hombre, el guardián está obligado.

Quizás el hallazgo de la delgada frontera entre un caso y otro es una asignatura pendiente en que todos debiéramos perseverar. Ojalá Dios nos ilumine.

4.- En el contexto del típico caso de una persona que se vale de conexiones ilegales para suplirse de energía eléctrica, sin pagar por el suministro… y posteriormente, a raíz de dicha conexión, se produce un accidente lamentable, generando (sic) como consecuencia una demanda en reparación de daños y perjuicios por el hecho de la cosa inanimada (el tendido eléctrico), en perjuicio de la empresa distribuidora de electricidad… ¿En este caso podría sustentarse la tesis de la no responsabilidad de la empresa demandada, por haber operado el desplazamiento de la guarda, ya que, al ser el mismo consumidor quien instaló los cables es quien debe darle mantenimiento y cuidado?... ¿Se reconoce la responsabilidad de la empresa distribuidora, ya que si bien es cierto la misma instaló el tendido eléctrico que dio origen al hecho, no menos cierto es que del lugar donde fueron conectados los cables si tenía la guarda?... ¿Cuál es la realidad de la cuestión?... Mi inquietud ha surgido debido a que he leído varias decisiones judiciales y he observado que existen posturas encontradas con relación a la situación planteada. (Juan Narciso Vizcaíno Canario - UASD).

RESPUESTA E.A.: La "cosa" que es causa generadora del problema no son aquí los alambres a través de los cuales se transporta la corriente eléctrica, sino la corriente misma. Hay efectivamente un desplazamiento de la guarda, pero no, pienso yo, porque aquel que haya hecho la conexión irregular era quien debía dar mantenimiento a su propia instalación, sino porque la acción de un tercero o la propia culpa de la víctima han intervenido para desvirtuar el patrón "normal", con lo cual el poder de dirección y control sobre la energía escapa de la esfera de la empresa suplidora.

El robo de electricidad en nuestro medio es una lamentable realidad del día a día. Las conexiones ilegales propician incendios, electrocuciones y otros daños a la propiedad y a las personas, pero es sencillamente inaceptable responsabilizar a la compañía distribuidora del fluido, si se llega a establecer durante la instrucción del proceso que el perjuicio de la víctima se ha producido en semejantes circunstancias. Soy del criterio de que es indiferente en este caso la obligación de la compañía -en la que todos convenimos- de dar mantenimiento a los cables de los que alguien finalmente hiciera un empalme ilegal. Es como forzar demasiado la imaginación y traer por los cabellos un elemento que para nada excusa un estado de ilicitud, del que es imposible deducir consecuencias en contra de nadie que no sea el propio autor de la conexión.

Pero no es cuestión de limitarse a alegar, como tantas veces ocurre, que la electrocución o el incendio se ha producido como consecuencia de un fraude eléctrico o precisamente en momentos en que la víctima intentaba "conectarse" por su propia cuenta, de forma ilegal. Se espera que quien formula una acusación de semejante gravedad esté en aptitud de sostenerla en pruebas fehacientes y conclusivas. Sabemos que el reto a veces no es fácil, pero son las reglas de juego y el juez no es quien para ignorarlas o saltárselas: Actor incumbit probatio… (Art.1315 del Código Civil).

5.- En el tenor de la responsabilidad civil comprometida por los daños ocasionados por un tercero ¿En qué medida es responsable el propietario de una cosa, por ejemplo, de un automóvil, si éste es tomado sin el debido consentimiento del propietario por un tercero y se ocasiona un daño con el mismo?  ¿Hasta qué punto y en qué medida entra en juego la figura del "robo" como elemento de exoneración de responsabilidad civil para con el guardián de la cosa inanimada? (Christian Pérez Taveras - PUCMM).

RESPUESTA E.A.: Tendríamos que ver en qué circunstancias se produce el hecho dañoso para entonces analizar, en la línea que hemos mantenido hasta ahora, si el orden de la responsabilidad es a título personal (Art.1382 y 1383 C.C.) o por acción de la cosa inanimada (Art.1384 C.C.). Como el tema elegido para el coloquio es el de la responsabilidad civil de la cosa inanimada, entiendo que debo centrarme en ese aspecto y pensar, a los fines que importan al planteamiento del joven Pérez Taveras, no en un accidente de tráfico entre dos o más automóviles, sino en un vehículo robado -denunciado como tal a las autoridades correspondientes- que mientras es maniobrado por el ladrón se estrella contra la pared de una casa y hiere de gravedad a alguien que desafortunadamente se encontraba sentado en la galería.

El robo produce un desplazamiento de la guarda. No puede haber, por consiguiente, responsabilidad para el guardián. Ciertamente, como se sugiere en la pregunta, la sustracción degenera en un agente de exoneración, ya que por una causa ajena al custodio, él ha estado imposibilitado de ejercer su poder de control y dirección sobre la "cosa". La fuerza mayor termina imponiéndose y frenando en todo su impulso los rigores de un género de responsabilidad básicamente objetiva, permeada en sus cimientos por la teoría del riego y con un marcado propósito tuitivo, conforme expresáramos antes.

No debemos perder de vista que la guarda no es noción de pura detentación material, sino de poder de dirección, disposición y control.

Fin de la entrevista (...)

Agradecemos al Magistrado Edynson Alarcon Polanco por concedernos esta entrevista y transmitirnos sus experimentados conocimientos sobre el tema.

Agradecemos también a cada uno de los participantes por enviarnos sus preguntas y a Juan Narcizo Vizcaino (Miembro de la Junta Directiva de EJ), ustedes fueron los arquitectos de este espacio. 

Esperamos haya sido de su agrado. No duden en enviarnos sus comentarios o sugerencias.

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