Tutela efectiva vs celeridad: Las medidas cautelares en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos

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Durante el 132º período de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en lo adelante CIDH), he presenciado un debate acalorado sobre varios informes de admisibilidad[1] y principios de derecho internacional atinentes a los casos tratados.

Por razones de ética laboral, no podré referirme a ciertos puntos que se han debatido, pero si me limitaré a analizar de forma somera la situación actual de las medidas cautelares en el sistema interamericano.

Sin intentar otorgar un estudio comprensivo del tema, solo me limito a señalar que las medidas cautelares, por mandato del artículo 25 del reglamento de la CIDH, son aquellas solicitadas por la Comisión y otorgadas por el Estado que tienen por objeto evitar daños irreparables a las personas.

Dado el carácter urgente de dichas medidas, su tratamiento en la práctica es sumamente difícil para la CIDH. Lo anterior, en función del gran número de solicitudes de medidas cautelares que se reciben cada año. Esto, recordando que los Comisionados se reúnen en 3 períodos anuales y deben aprobar el otorgamiento de cada medida.

No obstante lo anterior , hay diversos aspectos sobre las medidas cautelares que debemos analizar. Uno de estos es el impacto que tienen las mismas sobre el derecho interno de los Estados.

En relación a lo anterior, es preciso señalar que el gran número de medidas cautelares otorgadas anualmente por la CIDH[2], a juicio de algunos, no tiene un efecto renovador en el derecho interno de los Estados. Esto, en razón de que los Estados actualmente no están creando las disposiciones institucionales necesarias para no permitir que se repitan las causales de medidas cautelares que otorgan anualmente. Lo anterior, deviene en la utilización de las solicitudes de medidas cautelares por parte de los peticionarios, como una forma rápida posibles conflictos jurídicos que serían dirimidos de manera mas sistemática que con la articulación de un caso propiamente dicho.

Asimismo, el alto número de solicitudes puede tener un efecto muy directo en el carácter subsidiario y excepcional de las medidas cautelares. En efecto, dada la celeridad con que son otorgadas, muchos peticionarios pueden abusar de las solicitudes de medidas cautelares sin verse obligados a agotar los rigurosos requisitos para interponer una petición formal establecidos en el artículo 46 de la Convención Americana (en lo adelante CADH) ni lo establecido en el artículo 28 del reglamento de la CIDH[3].

Por otro lado, algunos señalan que muchas medidas, en la práctica, en sí mismas prejuician el fondo de los posibles casos que podrían generar. En efecto, se han solicitado medidas cautelares que ordenan al Estado la investigación de una situación particular, significando esto, la afirmación tácita de que existen indicios que podrían caracterizar una violación de la Convención sin haberse siquiera solicitado una petición formal. Esta situación evidentemente vulnera el reglamento de la CIDH en su artículo 25 numeral 4.

Tratamiento

Hemos observado que se dan muchas situaciones donde se otorgan medidas cautelares sin llegar a construir un caso. Al respecto, hay 2 visiones distintas sobre el tratamiento de las cautelares que abordaremos. Una visión restrictiva que plantea que la no creación de un caso previo al otorgamiento de las medidas, motiva a los peticionarios a utilizarlas como una vía rápida para obtener tutela de sus derechos, lo cual, desnaturaliza las disposiciones del reglamento de la CIDH y de la Convención misma. 

La anterior visión parte de la premisa de que el otorgamiento masivo de medidas cautelares no sólo van en detrimento de la norma establecida sino que crea un volumen de trabajo muy extenso. Lo anterior, tiene como resultado una respuesta inefectiva y extemporánea de la CIDH a las necesidades de los ciudadanos del hemisferio.

Por otro lado, hay una visión mas abierta de quienes afirman que sin importar el número de medidas cautelares otorgadas anualmente, el fin último de estas es la tutela efectiva de los derechos presuntamente amenazados de los peticionarios. Por lo que, el otorgamiento de varias medidas cautelares no desvirtúa el mandato de la CADH ni desarticula la naturaleza subsidiaria de la CIDH.

En conclusión, entendemos que lo que legitima los sistemas internacionales de protección de los Derechos Humanos, es precisamente la inalienabilidad e imperatividad de los Derechos de toda persona. Por lo que, deberíamos emprender una labor de introspección analítica y determinar cual sería el manejo correcto de las solicitudes de medidas cautelares ante la CIDH, a través de una revisión del artículo 25 del reglamento de la misma. Todo lo anterior, sin olvidar nunca cual es la naturaleza de dichas medidas.


Por Emil Elias Chireno Hache. Investigador Junior. Estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). 

Notas de referencia:

[1] Para más información referirse al artículo 30 del reglamento de la CIDH.
[2] Para mas información sobre las estadísticas anuales referirse a los informes emitidos por la Secretaría Ejecutiva de la CIDH en http://www.cidh.org.
[3] O una Cuarta instancia tácita


Forma de citación sugerida:
Chireno Hache, Emil Elias. Tutela efectiva vs celeridad:  Las medidas cautelares en el Sistema Interamericano de Derechos HumanosEncuentro Jurídico, 25 de julio de 2008.

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